Amanalco, México 9 JUL 2014

Ocho contenedores llenos de madera de cedro, caoba y granadillo llegan a las costas de China. El cargamento cruzó el océano Pacífico proveniente del puerto de Manzanillo (Estado de Colima, occidente de México), pero su viaje comenzó en los frondosos bosques del Estado de Michoacán. Estas maderas preciosas, listas para convertirse en costosos muebles, tienen certificados con autorizaciones del Gobierno mexicano que son falsos. Este es solo uno de los caminos que la tala ilegal y el tráfico de maderas ha encontrado para comercializar la producción forestal del país.
El 17% del territorio mexicano es bosque (unas 141 millones de hectáreas), lo que posiciona a México como el onceavo país del mundo con mayor superficie forestal. Entre las montañas del país abundan pinos y encinos, principalmente en los norteños Estados de Chihuahua y Durango, pero es una estampa que puede verse también en el centro y sur del territorio mexicano. Protegerlos no ha sido tarea fácil, aunque desde la década de los 80 el Gobierno encontró una fórmula que ahora muestra resultados: conservar bosques y producir madera.
El 17% de México es bosque, es el onceavo país del mundo con mayor superficie forestal
En el ejido de Agua Bendita (Amanalco, Estado de México), a 125 kilómetros de la Ciudad de México, el comisario ejidal Manuel Colín recuerda cuando hace 30 años el Gobierno mexicano le propuso a los ejidatarios el Programa de Desarrollo Forestal Sustentable. Entonces las autoridades entregaron a los habitantes las 1.350 hectáreas para que ellos mismos manejasen la producción de madera al mismo tiempo que reforestaban y conservaban el bosque. “Ahora el bosque está más tupido, y lo apreciamos porque vivimos de esto”, comenta Colín.
La madera del bosque de Agua Bendita se vende en la Ciudad de México y ha resultado un negocio que representa unos 1,6 millones de dólares anuales al ejido. La Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) asegura que el modelo conservación-producción satisface una tercera parte del consumo nacional de madera en México. La cadena forestal aporta al país un 1,8% del Producto Interno Bruto (PIB). “El método es muy conservador”, explica Gabino García, el técnico forestal del ejido, “a lo mejor no es lo más productivo pero sí estamos recuperando bosque”. Árboles antiguos y jóvenes conviven en el paisaje y evitan la erosión de los cerros, mientras los ejidatarios protegen a la región de las plagas y los taladores ilegales.
Los ejidatarios de Agua Bendita han puesto el margen la tala ilegal en la zona. “El bosque es la gallinita de los huevos de oro, la gente no va a permitir que nadie se los venga a robar”, así define García a los habitantes de la región que además de convertirse en productores de madera también fungen como guardabosques. No muy lejos de allí, en Michoacán y en la sierra norte de Puebla, se vive una situación muy diferente donde el robo de madera o el acecho de organizaciones criminales han replegado a los habitantes que buscan encargarse de la conservación de los bosques. “Hay comunidades enteras en Michoacán que no pueden entrar a partes enteras de sus ejidos porque el crimen organizado las ha ido invadiendo o les han impuesto un derecho de piso”, comenta Eugenio Fernández, portavoz del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible.
Las actividades ilegales en la cadena de producción de madera –que van desde la tala clandestina, el lavado de madera y el traslado de productos sin permisos– apenas han sido calculadas por las diferentes instituciones que supervisan las actividades forestales en México. “Dependiendo de zonas y regiones, se estima que la tala ilegal puede estar entre un 25% y 55% de la actividad lícita adicional”, explica Francisco García, director general de gestión forestal y suelos de la Semarnat. El caso de Michoacán, reconoce García, es “atípico” y la tala ilegal de árboles relacionada con el crimen organizado de la región es una de las aristas que el Gobierno mexicano se encuentra controlando con su estrategia federal para recuperar toda la región de las manos de los cárteles de la droga.
El método es muy conservador. No es lo más productivo pero sí estamos recuperando bosque
Gabino García, técnico forestal
Sin internet y sin facturas
Las autoridades confían en que la producción de madera continúe en ascenso, una tendencia desde 2011, al mismo tiempo que las comunidades consolidan los programas forestales y la tala ilegal se repliega. Sin embargo, los ejidatarios observan también fuego amigo: los trámites ante las autoridades y la sobreregulación.
Para obtener o renovar sus autorizaciones para los programas forestales pasan por numerosos procesos que en algunas ocasiones les impiden continuar con el trabajo de producción y conservación. La guinda en el pastel ha sido la reforma fiscal, aprobada en 2013, que ahora obliga a los productores a emitir facturas electrónicas y a realizar diversos trámites a través de internet, cuando en algunas comunidades, como en Agua Bendita, no hay ni telefonía fija.
“Lo que estamos haciendo como país es imponer una regulación excesiva, unas cargas fiscales muy por encima de lo que paga un productor urbano o de lo que paga un productor forestal en el mercado internacional, estamos evitando que se sigan desarrollando las comunidades forestales, mientras tanto proliferan los talamontes como enemigos de estas comunidades”, señala el portavoz del portavoz del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible.
Los productores continúan haciendo sus trámites en papel y acudiendo a las oficinas estatales encargadas de los trámites forestales. El Gobierno mexicano aún así continúa impulsando los trámites en línea con el ánimo de ir integrando las nuevas prácticas entre los ejidatarios. “La realidad nos dice que no todo el mundo está preparado para incorporarse a esa modernidad, pero nosotros queremos ir adelante y darle la opción al ciudadano de hacer el trámite por la vía tradicional o vía electrónica para los que tengan acceso a la tecnología”, reconoce Francisco García, de la Semarnat. Con tecnología o sin ella, los bosques mexicanos continúan bajo el resguardo de sus dueños.
Fuente: SONIA CORONA, El País, Sección: Sociedad
El municipio de Amanalco en el Estado de México se ha convertido en ejemplo de manejo forestal sustentable. Sus terrenos cubiertos por bosques templados de Oyamel y Pino se insertan en la cuenca de Amanalco/Valle de Bravo que forma parte del sistema Cutzamala el cual abastece de agua potable a las poblaciones de Valle de Bravo, Toluca y la Zona Metropolitana de la Ciudad de México.
Los ejidos de Amanalco, en el Estado de México, han logrado combatir exitosamente la deforestación con el manejo forestal sustentable, una alternativa que permite a las comunidades aprovechar sus bosques en forma responsable
Amanalco, Estado de México (6 noviembre 2011).- Mientras que el Parque Nacional Nevado de Toluca padece deforestación, presión urbana y descuido oficial, a tan sólo unos kilómetros de ahí, 11 ejidos organizados se han convertido en ejemplo de manejo sustentable de los bosques.

La diferencia se nota a simple vista: de un lado, a las faldas del volcán, arbolado viejo y con plagas; del otro, un bosque joven, homogéneo y denso.
La conservación de los bosques en Amanalco no es producto de la casualidad.
Desde hace 25 años, la comunidad le apostó al aprovechamiento sustentable de sus recursos naturales.
Los terrenos ejidales cubiertos por bosques templados de oyamel y pino forman parte de la cuenca Amanalco-Valle de Bravo, una de las fuentes del sistema Cutzamala, el cual abastece de agua potable a Toluca y la zona metropolitana de la Ciudad de México.
En los últimos 50 años el área forestal, que cubría más de la mitad de la superficie de la cuenca, se redujo en 30 por ciento como producto de la tala ilegal, cuyo volumen llegó a duplicar el de la extracción legal.
Con la disminución de la superficie arbolada se redujo también la capacidad de captación de agua, que se reflejó en los niveles de la presa de Valle de Bravo.
En Amanalco, sin embargo, el deterioro ha sido frenado. Fernando Canto, coordinador operativo del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sustentable (CSMSS) para la cuenca, destaca que se ha logrado frenar la expansión agrícola en el municipio. La superficie forestal, detalla, se ha incrementado de 9 mil 500 a 11 mil hectáreas en las últimas dos décadas.
“Hemos regresado mil 500 hectáreas de zonas agropecuarias a su vocación forestal, pero lo más importante es que lo hemos hecho a través de la convicción de la gente, que hoy prefiere sembrar un bosque que maíz. Un ejemplo es San Miguel Tenextepec, donde toda la zona ejidal ha decidido convertirse en forestal“, apunta.
El manejo está basados en cuatro ejes: Aseguramiento de la cobertura vegetal existente; protección del bosque con obras de conservación de suelo, brechas cortafuegos y control de plagas; asegurar el aumento de las plantaciones y un proceso de selección de los árboles más débiles para permitir que se reproduzcan los mejores.
Gabino García Tepexpan, responsable técnico de la Ejecución de los Programas deManejo Forestal de la Unión de Ejidos de Emiliano Zapata, aseguró que los cuatro ejidos que colindan con el Parque Nacional Nevado de Toluca tienen la zona del parque en franco abandono.
“Se tienen diferencias abismales en términos, sociales, ambientales y económicos entre el Parque y los bosques manejados, porque a las comunidades dentro de la ANP no se les permite tocar el bosque y cada día se está degradando más”, alertó.
Aseguró que a las personas no les interesan esos bosques porque no representan ningún beneficio directo. Pocos se organizan para apagar los incendios o para combatir las plagas, realmente pocos hacen el saneamiento y si ven que se están robando los árboles, les da igual.
Para el prestador de servicios técnicos forestales el esquema que rige a las Áreas Naturales Protegidas (ANP) no está cumpliendo con los objetivos para los que fueron creadas, porque la mayoría de esas áreas no cuentan con planes de manejo que rigen las actividades de protección dentro de los bosques.
“Mientras los dueños de la tierra no vean un beneficio directo por la conservación, no les va a interesar cuidar el bosque y con el esquema dentro de las ANP que consiste en no tocar nada, sólo podrían funcionar si personal del gobierno las poblara y manejara, cosa que no ocurrirá”, advirtió.
Sostuvo que los bosques manejados por poblaciones tienen más beneficios ambientales que dentro de una ANP, porque ésas áreas se caracterizan por un fuerte menoscabo de sus ecosistemas, pues al envejecer cada vez más los árboles ya no capturan el mismo nivel de carbono que un bosque dinámico y en crecimiento.
“La ANP del Nevado de Toluca, no cumple con la protección, por eso estamos pugnando por su recategorización, pues se le ha invertido millones de pesos en reforestación, pero la falta de interés de las comunidades que son dueñas de la tierra, lo sume en el deterioro”, detalló.
‘Tenemos trabajo, no migramos’
De pie frente al tronco de al menos 70 años, Crisóforo Vega Esquivel no se inmuta cuando comienza a caer el árbol que cimbra el bosque al de tocar el suelo.
Con su motosierra en mano, sabe su oficio y reconoce que manipulando la motosierra se puede elegir el momento y la dirección previa para que el tronco se venza.
Como la mayor parte de sus compañeros, el olor del encino, del pino y el oyamel les es familiar, porque estos bosques forman parte de su herencia.
Gracias a su empleo temporal como fletero de madera ya hace 8 años que no se va a Estados Unidos como brasero y su actividad le permite mantener en la preparatoria a dos de sus hijos en Tampico, Tamaulipas.
“Si nosotros tenemos un trabajo aquí, no tenemos porqué irnos, por eso ni mis compadres ni yo ya hemos cruzado la frontera. Con un trabajo digno me quedo en mi tierra haciendo lo que me gusta”, expuso.
Se siente feliz porque en ésta última temporada con el aprovechamiento forestal le alcanzó para terminar de mandarle a su hijo el dinero para comprar una computadora.
Bromeando con sus compañeros, mueve un tronco que constituye dos veces su cuerpo para movilizarlo hasta su camioneta de fletes.
Cobra mil pesos por cada viaje al aserradero, de los cuáles sólo le quedan 600 por el pago de los peones y el diesel que gasta para las motosierras.
“Sabemos que estamos cuidando el agua y la vida de mucha gente, aunque allá en la ciudad no nos tomen en cuenta, nosotros sí hacemos algo por ellos”, subraya secándose el sudor con la camiseta.
Su amigo, Martín Santana Guzmán, ejidatario de El Potrero, es uno de los comuneros que han realizado la reconversión de su terreno, cuenta que hace 10 años sembraba maíz en sus 3.5 hectáreas y ahora dedica una sólo al manejo del bosque.
Reforma
6 noviembre 2011
Amanalco, Estado de México
Adriana Alatorre
http://www.reforma.com/medioambiente/articulo/632/1263659/

Los logros alcanzados en la protección forestal de la cuenca Amanalco-Valle de Bravo, Estado de México, es el camino a seguir en el desarrollo y aprovechamiento sustentable de los bosques en México.
Este proyecto los desarrollan los propios habitantes del área forestal, explicó a Mi Ambiente, Lucía Madrid, integrante del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CCMSS).
La importancia de esta cuenca radica en que es una de las fuentes abastecedoras de agua potable a la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), al entregar este recurso a alrededor de 8 millones de habitantes del Valle de México, mientras que sus recursos naturales proveen la subsistencia de 53 comunidades rurales de alta marginación de esta region mexiquense.
El proyecto citado es la respuesta ante la presencia del Cambio Climático, grave desertificación, autoridades ineficaces, deforestación y reforestación oficial sin resultados, al tiempo que este tipo de organización social de comuneros, campesinos, ejidatarios, etc., constituyen una de las últimas resistencias para salvar los bosques.
En México, organizaciones civiles estiman que 500 mil hectáreas de bosque se deforestan al año, mientras que la Secretaría del Medio Ambiente (Semarnat), sostiene que sólo son 150 mil. Ante este negro panorama, núcleos ejidales han establecido diversos proyectos que por sí solos son ejemplo mundial, como la cuenca Amanalco-Valle de Bravo, trabajo que se realiza con coordinación con el CCMSS.
Recordó que en esta zona el 20 por ciento de la cuenca tenía índices de erosión superiores a las 50 ton/ha/año, por lo que la tierra perdía fertilidad, disminuía la productividad agrícola y se contaminaban los cuerpos de agua con agroquímicos y basura, además de la presión del urbanismo y abandono del campo.
Enfatizó que ahí se trabajó en el programa “Manejo Integrado de Paisajes Comunitarios”, bajo la idea de que el manejo de los territorios debe ser de manera integrada, aprovechamiento sustentable de los bosques, y que, al ser las comunidades en México propietarias colectivas de alrededor del 70% de la tierra, deben ser actores centrales del manejo sustentable y conservación de los recursos naturales.
Para iniciar el proyecto citado, se ordenaron 11 ejidos que suman unas 13 mil hectárea en la cuenca Amanalco-Valle de Bravo. En este esquema el CCMSS ha invertido alrededor de 400 mil dólares en la restauración de tierras forestales degradadas con cercado y reforestación de tierras dañadas por el ganado, actividades de soporte a la regeneración forestal natural, recolección de germoplasma local y siembra directa en áreas degradadas, a lo que se suma el apoyo de donaciones privadas y del programa de fondos concurrentes de la Comisión Nacional Forestal (Conafor).
El reconocimiento internacional a este proyecto forestal mexiquense fue en el concurso “Una tierra para la vida”, convocado por las Naciones Unidas, que pone de relieve a las organizaciones que luchan de manera tangible contra la desertificación, degradación de la tierra y sequía.
A este respecto, datos proporcionados a Mi Ambiente por la Conafor, señalan que la cobertura forestal se ha reducido notablemente en las últimas décadas, por el pastoreo excesivo, expansión urbana y tala ilegal, además de incendios, plagas y problemas derivados de políticas públicas que inciden en las áreas rurales.
Por ello, es fundamental impulsar las actividades productivas, de protección, conservación y restauración en materia forestal y participar en la formulación de programas y en la aplicación de la políticas de desarrollo forestal sustentable. Esto hace imperante el que el sector forestal mexicano se aliste para la implementación del programa Reducción de Emisiones Derivadas de Deforestación y Degradación (REDD+).
Este programa mundial tiene tres pasos esenciales para su éxito: la preparación, la implementación y pago por resultados, a lo cual aspiran las comunidades dueñas de los bosques en México, poder vivir de su arbolado.
Esto redunda en que sólo por medio de un desarrollo rural sustentable se podrá transitar hacía una tasa de cero por ciento de pérdida de carbono en los ecosistemas forestales originales y concretar REDD+ en México, considerando que sólo en una perspectiva de integralidad, transversalidad y con un enfoque territorial será posible reestructurarlo, situación que se busca consolidar por medio de la Alianza México REDD+.
IMPULSAR COMUNIDADES ORGANIZADAS
Sin embargo, la realidad indica que los trabajos comunitarios forestales deben ser prioritario. Un estudio de la UNAM señala que cerca de 2,400 comunidades en el país aprovechan de forma sustentable sus bosques en zonas de Durango, Michoacán, Chihuahua, Oaxaca, Puebla, Jalisco, Guerrero y Quintaba Roo, donde se requiere de diversos impulsos para su establecimiento al 100%, ya que sólo 600 de dichas comunidades cuentan con empresas forestales que dan seguimiento a su madera, pero destaca el caso de 44 organizaciones que cuentan con certificación internacional.
Trabajo que es urgente implementar ante diversos problemas que se presentan en algunos polígonos de los bosques mexiquenses de Xalatlaco, Ocuilan, Amecameca, San José del Rincón, Temascaltepec y Valle de Bravo, que de acuerdo a la Protectora de Bosques (Probosque) pierda la entidad unas 2 mil hectáreas forestales al año.
PRIORIDAD COMUNAL EVITAR LAS TIERRAS INUTILES
Benjamín Ordoñez, profesor de Ingeniería en Desarrollo Sustentable del ITESM Campus Ciudad de México, comentó a Mi Ambiente que la protección forestal es un tema en donde el involucramiento de las comunidades es determinante para que se pueda dar un uso sustentable a los bosques y éstos sean protegidos por sus mismos dueños.
Añadió que las comunidades no deben verse como la última resistencia para conservar los bosques mexicanos. “Al contrario, son las primeras en promover la conservación (sólo que algunos políticos llaman a los terrenos en conservación, tierras inútiles). Las comunidades son saqueadas y reciben apoyos de programas de gobierno sin saber qué recursos naturales poseen”.
Indicó que la protección forestal es tema de varios actores y que el gobierno debe innovar, capacitar a las comunidades y vincular a la academia directamente con la producción y conservación forestal. Explicó que se ha carecido de visión integral y se pierden un sinnúmero de empleos que podrían estar bien remunerados.
En relación a la iniciativa REDD+, mencionó que es un reto que ofrece muchas oportunidades y que en México, se debe realizar por expertos mexicanos preferentemente, en lugar de personal improvisado; debe integrar la participación de las comunidades, técnicos forestales, académicos y la sociedad civil; debe conocer perfectamente bien el costo-beneficio del proyecto (ya que ahora el proyecto de fortalecimiento REDD+ y cooperación sur-sur se enfoca en otros temas, se ha gastado el presupuesto, no cuenta con expertos, se nutre de la Conafor y ha mostrado nula capacidad), contar con el personal calificado, entender que la escala de trabajo es uno a uno y no uno a 250,000.
NO SÓLO REFORESTAR, SINO SER SUSTENTABLES
De acuerdo al CCMSS, en México se estima que el 70% de los bosques y selvas pertenecen a ejidos y comunidades agrarias, y que en estas zonas naturales viven unos 12 millones de individuos, y que en dichas regiones producen 85% de la madera que se comercializa legalmente en México y los ejidatarios y comuneros deben ser reconocidos y apoyados como el ejemplo internacional que son en manejo sustentable de los recursos. Por ende, el gobierno mexicano no debe escatimar presupuesto para apoyar a los bosques comunitarios y mantener una política forestal que privilegie su uso sustentable.
EMPRESAS: QUE GOBIERNO SEA INCLUYENTE
Cabe destacar lo indicado por el organismo Reforestamos México de la empresa multinacional Bimbo, quien señala que en materia forestal debe mejorarse la gobernanza forestal ya que pese a que las capacidades institucionales del Estado mexicano en materia forestal se han fortalecido en la última década, el sector tiene que avanzar hacia dicho modelo en el cual el gobierno cumpla un rol facilitador para sumar esfuerzos del sector privado y el sector social en el manejo forestal.
Aumentar la productividad y competitividad del sector forestal ya que es urgente reactivar la productividad mediante una estrategia que armonice las plantaciones forestales comerciales con el manejo forestal sustentable de bosques y selvas naturales, a fin de incrementar la participación del sector forestal en el PIB, generar fuentes de trabajo, eliminar la pobreza y mejorar la calidad de vida de la población.
ÁRBOLES ARTIFICIALES, PARA EL FUTURO
En el proyecto Biosfera Dos que se realiza en Arizona, Estados Unidos se trabaja un proyecto llamado “Árboles Artificiales” que consiste en que la reforestación actual llegará un momento que ya no funcione ante la desertificación que acrecenta el cambio climático; por ello, y ante la falta de sitios en donde sembrar árboles y que al día se pierdan 356 kilómetros cuadrados de tierra forestal para ser tierras agrícolas, ha llevado a que John Holdren, director del centro de investigación Woods Hole, proponga la creación de árboles artificiales que pueden absorber más dióxido de carbono (CO2) que el arbolado natural.
De acuerdo a Allen Wright, investigador del Centro Biosfera Dos, los modelos de simulación se han establecido usando diversos elementos que atrapan el CO2, y se llegó a un ejemplar arbóreo de plástico que utiliza filtros de agua pero que han sido modificados para absorber CO2 del aire y el carbonato sódico que conlleva su fórmula le ayuda a extraer el CO2 con una velocidad similar a un árbol natural.
Dicho proyecto es un tronco que en su cúpula tiene una especie de pantalla circular de la que cuelgan tiras de plástico absorbiendo CO2 que al sumergirse en agua normal libera el CO2 atrapado, en pruebas de laboratorio este sistema individual ha logrado absorber hasta una tonelada de CO2.
SUDAMÉRICA Y SUS COMUNIDADES RURALES
De acuerdo al Centro para la Investigación Forestal internacional (CIFOR), en las últimas tres décadas, por lo menos 200 millones de hectáreas de bosques han sido transferidas legalmente a comunidades locales o pueblos indígenas. Como resultado de ello, las comunidades ahora son propietarias o gestionan alrededor de más del 11% de los bosques del mundo y en países subdesarrollados este poercentaje llega hasta el 22%.
Ello, explica Anne Larson, científica principal del CIFOR, es un primer paso que reconoce que “hay una mayor aceptación de la idea de que las personas que viven en los bosques podrían ser buenos gestores del bosque y/o pueden tener derechos legítimos sobre los mismos”.
Dicho organismo en comunicado de prensa, indicó que un proyecto de investigación sobre igualdad y medios de vida en el manejo forestal comunitario, Larson y otros investigadores compararon estudios de caso de América Latina, Asia y Africa.
Lo cual, destaca que en algunos países asiáticos los gobiernos o grandes empresas madereras tenían derechos sobre los bosques de mayor valor y las comunidades recibían tierras degradadas. En África eran grupos de élite los que cosechaban las recompensas económicas dejando en la pobreza a los campesinos.
Mientras que en las zonas forestales más grandes en manos de las comunidades están en América Latina, y donde “las comunidades enfrentan un camino muy largo y difícil desde la obtención de derechos en el papel hasta lograr su implementación, disfrutar los derechos en la práctica y mejorar sus medios de vida. En América Latina, se tienen diversos modelos de extracción de madera a escala industrial que no son apropiados para las necesidades y la situación real del uso sustentable de los recursos por las poblaciones locales”.
Fuente: Mi Ambiente
Por: Juan Carlos Machorro
http://www.miambiente.com.mx/?p=32234